domingo, 1 de mayo de 2011

Oz

RESULTA QUE AMANECE ...

Resulta que amanece,
aún el cielo es cóncavo
cajón que se destapa
con un resquicio claro.
Resulta que tú estás
sin sueño, desvelado,
y el incierto horizonte
deja escapar un rayo
de luz, y te das cuenta,
actor involuntario,
de que la tierra es esto:
la escena del milagro.
Podrías ser un pez,
una cigarra, un árbol,
no estar ahí consciente
de estar solo y cansado;
y el sol, el simple sol,
ese disco rosado
que agrieta el horizonte,
hoy bosteza a tu lado;
y te das cuenta entonces
del divino entramado,
de la tierra que gira
y te va transportando;
te sientes pasajero
de la nave en que vamos;
te sientes pasajero
pues durarás, al cabo,
otros pocos bostezos
del fidedigno astro.
Qué pequeño y qué poco
-acaso innecesario-
qué disuelto en la suma
del elemento humano.
Resulta que amanece,
la luz hiere tus párpados;
con una hostia blanca
comulgan los tejados
y la noche se escapa
a los lomos de un gato.
Has cobrado conciencia
de estar solo entre tantos,
porque a pesar de ti
el sol no se ha alterado;
todas tus circunstancias
le traen sin cuidado,
no le importa tu insomnio
ni lo que te ha llevado
a pasarte esta noche
despierto y azogado.
Resulta que amanece,
suenan por algún lado
persianas que chirrían,
despertadores, pasos;
son los goznes del mundo
que cruje despertando.
La mañana se lleva
el borrón del pasado
porque la viva estrella
pudo desbaratarlo,
y tú ves que eres parte
de un todo inusitado
y sientes el impulso
con que cruza el espacio.
Y tú, apenas nada.
Y tú, apenas algo.
Apenas por encima
del gran cero asomando,
miras por la ventana
metamorfoseado
por los cinco minutos
de asombro cotidiano.

Oz® comopienso.com

viernes, 15 de abril de 2011

Inspiratriz

Hoy pongo un poema que me sorprendió por lo bien que expresa las sensaciones y emociones de una historia de amor. Cada historia es única, pero creo que, muchos de nosotros, podemos vernos reflejados en ésta. Lo ha escrito una mujer, Inspiratriz.



Siete menos tres capítulos de ti


Cierro por fin, sin más demora,
el libro de bolsillo
de nuestra historia.

Pocas palabras, apenas unos besos
y en mi corazón
el feroz bocado que deja tu silencio.

Prometo -me prometo-,
cerrar el libro por finalizado,
mas no puedo hacerlo
sin echar hoy un último vistazo.

Capítulo I:

La sorpresa del hallazgo,
la alegría, la ilusión
y el terrible miedo ante lo hallado.

Capítulo II:

Búsqueda del valor necesario
para vivir lo encontrado
y la firme decisión de vivirlo
sin demora,
solo por ti y a tu lado.

Capítulo III:

Aquí recuerdo,
junto a mi cara, tu llanto,
y mis besos en tus ojos,
recogiendo lágrimas de quebranto.
La música, la poesía,
las confesiones de nuestras manos.
La cima del cielo hallada,
el imán de un amor blanco,
y aquel, nuestro primer café,
en el que te vi temblando.
El calor de tus abrazos
derritiendo mis miedos.
Mis dedos surcando el pozo de tu ombligo,
Tus manos desatadas por mi piel,
navegando, descubriendo,
hasta el más recóndito de mis laberintos.

Todo, nada, tanto...

[...]

Capítulo VII:

El silencio,
tu silencio.
El desconcierto, la nada,
el vacío más inmenso,
mi dolor, mi pasión,
mi rabia.
Tu desprecio...

Cierro el libro a medio escribir,
lo guardo para siempre en el cajón,
donde yace muerta mi ilusión
y dejo el final para mí.

Te Amo...sí, pero tienes razón,
es mejor dejarlo aquí,
con la lección aprendida
de saberme insuficiente para tu vida,
mientras tú lo has llenado todo en mí.

Para mí sola, de hoy en adelante,
cada noche que me duermo con tu recuerdo,
reviviendo cada caricia, cada mirada,
o cada uno de tus gestos.
Para mí cada despertar empapada en tu silencio.

Solo para mí, ya que así lo quieres,
esta forma bella que tiene mi amor
de seguirte queriendo, lo merezcas o no...

Inspiratriz

jueves, 7 de abril de 2011

Konstatínos Kaváfis

Ítaca


"Cuando empieces tu ida hacia Ítaca,
desea que el camino sea largo,
lleno de peripecias, lleno de conocimientos.

A los Lestrígones y a los Cíclopes,
al encolerizado Poseidón no temas,
tales cosas en tu camino nunca las encontrarás,
si tu mirada permanece alta, si una escogida
emoción a tu alma y a tu cuerpo les guía.

A los Lestrígones y a los Cíclopes,
al fiero Poseidón no los encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si tu alma no los coloca delante de ti.

Desea que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas estivales
en que con cuánta satisfacción, con qué alegría
entrarás en puertos por primera vez vistos.
Haz un alto en los mercados fenicios,
y adquiere hermosas cosas,
nácares y corales, ámbares y ébanos,
y sensuales perfumes de todas clases,
los más abundantes y sensuales perfumes que puedas.
Visita muchas ciudades egipcias,
aprende y aprende de los instruidos.

Siempre en tu mente ten a Itaca.
La llegada a allí es tu destino.
Pero no precipites el viaje en absoluto.
Es mejor que muchos años dure.
Y que, ya anciano, arribes a la isla,
rico con cuanto obtuviste en el camino,
sin esperar que riquezas te dé Itaca.

Itaca te dio el hermoso viaje.
Sin ella no hubieras emprendido el camino.
No puede darte nada más.
Aunque la encuentres pobre, Ítaca no te engañó.
Tan sabio como te has hecho, con tanta experiencia,
ahora ya habrás comprendido qué significan las Itacas.

sábado, 2 de abril de 2011

Pedro Salinas

La forma de querer tú...



La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes
es el silencio. Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.
Jamás palabras, abrazos,
me dirán que tú existías,
que me quisiste: Jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
tú, no.
Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.
Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.

viernes, 1 de abril de 2011

Akiles

Os muestro un poema que he leído hoy, lo ha escrito un poeta que va por el aire soñando, y yo deseo y espero que vuele mucho más tiempo y nos deje seguir leyendo sus poemas.


 FANTASÍA


No puedo sustraerme al pensamiento
de tu cuerpo encendido en viva llama.
Cada vez que te pienso me alimento.

Imagino tu aroma de retama
impregnarme de ti tras derramarte
en las sábanas blancas de mi cama.

Y me siento feliz al escanciarte,
aspirando el olor de tu perfume
me alegro el corazón de parte a parte.

Este fuego vital que me consume
tú misma lo alimentas con excesos
para que no se apague ni se esfume.

Eres el combustible de los besos,
espliego destilado, la energía
que fluye como savia por mis huesos.

Me enciendo, me estimulas cada día
que paso sin tenerte entre mis brazos,
con esta extravagante fantasía.

Y compongo murales con los trazos
que me llegan de ti, suposiciones
de mi mente lasciva hecha pedazos.

Anhelando perderme en ilusiones,
en un mundo irreal y extraordinario
donde rige, salaz, el calendario
del deseo carnal y las pasiones.


Akiles

sábado, 26 de febrero de 2011

Ernestina de Champourcín

Voy a arraigar en ti...


Voy a arraigar en ti. Mis fuerzas más oscuras
remueven lentamente la tierra de tu alma.
Quisiera penetrarte y enraizar mi esencia
sobre la carne viva que nutre tu fervor.

Ahondaré en ti mismo y abrasará tu sangre
el fuego de la mía rebelde y soñadora.
Invadido por mí, derribarás la cumbre
que te aleja del cielo.

¿No sientes mis raíces? Tu tallo florecido,
ebrio de sí, eterniza mi cálida fragancia.
¡Irguiéndolo alzarás la copa de mi frente,
hasta volcar su zumo en los labios del sol!

 
Soledad


Todos van, todos saben...
sólo yo no sé nada.

Sólo yo me he quedado
abstraída y lejana,

soñando realidades,
recogiendo distancias.

Cada pájaro sabe
qué sombra da su rama,

cada huella conoce
el pie que la señala.

No hay sendero sin pasos
ni jazmines sin tapia...

¡Sólo yo me he quedado
en la brisa enredada!

Sólo yo me he perdido
en un vuelo sin alas

por poblar soledades
que en el cielo lloraban.

Sólo yo no alcancé
lo que todos alcanzan

por mecer un lucero
a quien nadie besaba.

martes, 8 de febrero de 2011

Heinrich Heine

Mi alma se parece al mar...


Mi alma se parece al mar:
tiene olas y tempestades;
pero en sus profundidades
muchas perlas se han de hallar.

Versión de Guillermo Matta